Durante meses, nuestros colegios calasancios han entrenado, soñado y trabajado con esfuerzo e ilusión. Y ahora, ese camino compartido nos ha llevado hasta aquí: las Olimpiadas Calasancias 2025, un encuentro que trasciende la competición para convertirse en una celebración de la fraternidad, la superación y la alegría compartida.
Desde distintos rincones de España: Alicante, Monóvar, Almazán, Daimiel, Madrid, Martos, Pontevedra, Sanlúcar, Sevilla, Vigo, Getafe, Ourense, Chipiona y A Coruña, nuestros jóvenes han viajado con el corazón lleno de entusiasmo y espíritu calasancio. Cada paso, cada jugada, cada abrazo en la meta refleja la esencia de nuestra educación: formar personas íntegras, comprometidas, que crecen en la fe, en el respeto y en el trabajo en equipo.
Ha sido dos días repletos de emociones, en los que el deporte se ha convertido en excusa para convivir, conocerse y compartir sueños. Las gradas vibraron con el apoyo de familias, educadores y religiosas que no dejaron de animar, convirtiendo cada encuentro en una auténtica fiesta.
Además, disfrutamos de un ambiente fraterno donde la convivencia siguió latiendo más allá de la pista o la cancha. La educación en valores puede y debe ser una experiencia alegre, profunda y transformadora. Porque más allá de medallas o marcadores, el verdadero triunfo está en cada corazón que volvió a casa lleno de recuerdos imborrables.





