

- Cien años de luz: las Calasancias celebran el legado eterno de San Faustino Míguez
Un siglo después, su espíritu sigue vivo en cada aula, en cada niño/a, en cada sueño educativo.
Las religiosas Calasancias han encendido la llama de la gratitud y la memoria al conmemorar los cien años del fallecimiento de su fundador, San Faustino Míguez, sacerdote escolapio, científico y visionario de la educación integral.
El próximo sábado 25 de octubre, el colegio Calasancias se vestirá de fiesta y oración para rendir homenaje al hombre que soñó con una escuela donde la ciencia y la fe caminaran de la mano, bajo el lema eterno de “Piedad y Letras”.
La jornada comenzará con una Eucaristía presidida por el arzobispo Francisco José Prieto Fernández, en la capilla del colegio, seguida de un emotivo encuentro cultural en el que la comunidad educativa recordará los ideales del santo: formar corazones, despertar vocaciones y cultivar la bondad.
“San Faustino creyó en la fuerza transformadora de la educación cuando pocos lo hacían. Su legado es una llamada a seguir educando con amor y esperanza”, expresaron las religiosas calasancias.
- Una herencia que florece en el siglo XXI
Más que una conmemoración, la fecha es una oportunidad para renovar el compromiso de educar personas libres, críticas y compasivas, capaces de iluminar el mundo con su fe y su inteligencia.
Durante el acto, se presentará la conferencia “San Faustino, un sueño que educa”, a cargo de Marta López, profesora del colegio Calasancias de Ourense, acompañada por el Coro Calasancio de A Coruña.
Tras los actos, una comida fraterna reunirá a antiguos alumnos, familias y docentes, recordando que la historia de las Calasancias es también la historia de miles de corazones formados en el amor, la ciencia y la fe.
- Una vida que sigue enseñando
Nacido en Acebedo del Río (Ourense) en 1831, San Faustino Míguez dedicó su vida a la ciencia y a la formación de la persona. Fundó en 1885 el Instituto Calasancio Hijas de la Divina Pastora, convencido de que la educación debía llegar a todos, especialmente a las niñas, cuando aún eran pocas las que podían acceder al estudio.
Hoy, cien años después de su partida, su sueño continúa latiendo en cada aula calasancia, donde cada niño y adolescente aprende que la bondad, la fe y la sabiduría son las verdaderas formas del éxito.
“Su luz no se ha apagado: brilla en cada mirada curiosa, en cada maestro que educa con ternura, en cada vida que se abre al bien”.

